miércoles, 1 de julio de 2009

Me presento en sociedad

Hace muchos años, cuando me iniciaba en el estudio de la carrera de abogacía, un profesor comenzó su clase de Introducción al Derecho, leyendo los "Mandamientos del Abogado", escritos por el jurista uruguayo Eduardo J. Couture. Un decálogo de acciones que no sólo nos transformarían en buenos abogados, sino lisa y llanamente en personas de bien.

No han soplado buenos vientos para nuestra profesión. Los abogados cargamos con el desprestigio de la Justicia, con su lentitud, con los casos de corrupción de algunos que salpican más de lo deseado. El descreimiento y la falta de confianza de la gente común, nos obliga a sumar más esfuerzos y a luchar contra nuestro propio escepticismo.

Es necesario “barajar y dar de nuevo”. La vocación sigue
empujando, como una voz que no se deja callar. Se requiere de un espíritu inquebrantable, que supere la adversidad y redoble la apuesta. Debemos honrar a esos jóvenes que fuimos, y que aún siguen viviendo en nosotros.

Sigo cavilando, pensando, recordando. Un cursor titilante sobre una pantalla estática me pide más y más palabras. ¿Qué puedo decir si a cada respuesta adquirida la acecha una nueva pregunta?

Sin lugar a dudas, éste es un buen momento para desempolvar viejos apuntes y releer el Decálogo de Couture:

I. Estudia. El Derecho se transforma constantemente. Si no sigues sus pasos serás cada día un poco menos Abogado.

II. Piensa. El Derecho se aprende estudiando, pero se ejerce pensando.

III. Trabaja. La Abogacía es una ardua fatiga puesta al sercicio de la Justicia.

IV. Lucha. Tu deber es luchar por el Derecho, pero el día que encuentres en conflicto el Derecho con la Justicia, lucha por la Justicia.

V. Sé leal. Leal como tu cliente, al que no puedes abandonar hasta que comprendas que es indigno de ti. Leal para con el adversario, aun cuando el sea desleal contigo. Leal para con el Juez que ignora los hechos, y debe confiar en lo que tu le dices y que, en cuanto al Derecho, alguna que otra vez debe confiar en el que tú le invocas.

VI. Tolera. Tolera la verdad ajena en la misma medida en que quieres que sea tolerada la tuya.

VII. Ten paciencia. El tiempo se venga de las cosas que se hacen sin su colaboración.

VIII. Ten fe. Ten fe en el Derecho, como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la Justicia, como destino normal del Derecho; en la Paz, como sustituto bondadoso de la Justicia; y sobre todo, ten fe en la Libertad, sin la cual no hay Derecho, ni Justicia, ni Paz.

XIX. Olvida. La Abogacía es una lucha de pasiones. Si en cada batalla fueras llenando tu alma de rencor, llegaría un día en que la vida sería imposible para ti. Concluído el combate, olvida tan pronto tu victoria como tu derrota.

X. Ama tu profesión. Trata de considerar la Abogacía de tal manera que el día que tu hijo te pida consejo sobre su destino, consideres un honor para ti proporcionarle que sea Abogado.

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